27.9.16

#125

Sororidad frente al sexismo interiorizado. 

El feminismo no sólo es un movimiento, también es un proceso de cambio en una misma constante, de deconstrucción, revisión y crítica. 
Como personas tendemos a las atribuciones y a los heurísticos como herramienta organizacional y estructural para gestionar la información, tanto de las personas como de nuestro entorno. Y ese proceso de deconstrucción feminista los limita o al menos, los determina o los cuestiona. Y aquí, como tantas concepciones del feminismo, también entra la sororidad. 
“¿Qué es la sororidad?” es una pregunta que puede aparecer a las personas no familiarizadas con los términos. Hace referencia, como previamente conceptualizó Marcela Lagarde a la alianza de las mujeres en el compromiso en la lucha contra otros fenómenos de la opresión, así como en la creación de espacios donde se despleguen nuevas posibilidades de vida. La solidaridad, el cuidado y el apoyo entre nosotras.

Pero, ¿qué pasa cuando nos encontramos con mujeres sin conciencia feminista? ¿qué pasa cuando esas mujeres tienen conductas machistas y sexistas hacia nosotras? ¿cómo enfrentar esa realidad que nos atañe? 
De un tiempo a esta parte, el término "alienada" ha cogido fuerza entiendo este término como una persona que está inmersa en el sistema y lo normaliza aún teniendo altas probabilidades de sufrir opresión dentro de él. 

Podríamos debatir sobre muchos perfiles dentro de este término. Habrá incluso alienadas que no sólo alimenten al sistema, sino que se fortalezcan de él (¿Quién no conoce el feminismo de Hillary Clinton?). Existen, por supuesto. Incluso hay feminismo (blanco y liberal) que no ve más allá de la problemática más esencial. Pero, ¿qué pasa con ese gran porcentaje de mujeres que no tuvieron las oportunidades y herramientas para llegar a este punto de concienciación? Muchos, muchísimos casos (especialmente en el ámbito rural) de vecinas, madres, abuelas, "la Carmen", "La Puri", o "La Loli" de turno tienen conductas sexistas con las demás. Han sido educadas así, y en la mayor parte de los casos, carecían de recursos para ser críticas con ello. Un gran porcentaje pertenece a la clase media-baja que no tuvo la oportunidad de estudiar los niveles más básicos del sistema educativo, trabajando desde muy pequeñas en el campo, limpiando casas de terratenientes o en las nuevas industrias que empezaban a surgir. Cobraban menos, aguantaban con creces y calladas primero a su padre y después a su marido, de forma estricta en pleno franquismo. Esas mujeres, como mi abuela, mis tías o mi madre han recibido más opresión que yo a lo largo de los años. O una opresión distinta quizás, pero dura al fin y al cabo. Porque ellas alisaron, con el sudor de su frente, un camino que nosotras debíamos pavimentar más tarde. Toda la sororidad del mundo para ellas. 

Hablo del ejemplo más claro, pero nosotras mismas también nos hemos comportado de forma sexista, fruto de la herencia de esa educación, ya sea de forma inconsciente o consciente, pero el monstruo existía dentro de nosotras. Hemos ejercido el machismo y la homofobia. Hemos insultado, juzgado y hasta humillado por el simple hecho de que una persona sea capaz de tener autodeterminación. Algo tan simple como la ropa, la conducta o la atracción. Para nosotras también mucha sororidad.

La gran y abismal diferencia entre esa generación y nosotras es la solidaridad que, de un tiempo a esta parte, cada vez está más diluida. Dejar las puertas abiertas del cariño y prestar ayuda cuando se necesite, como antes. La individualización nos está poniendo contra la espada y la pared, cada una con sus propios monstruos, y estamos dejando caer a las compañeras con más vulnerabilidad. Estamos invisibilizando a las personas compañeras negras, tapando y clasificando a las personas trans, siendo paternalista con las musulmanas o excluyendo de los espacios a las personas con diversidad funcional. 
Debemos seguir tejiendo redes, que nos arropen, nos unan y sobre todo, que no nos doblegue. 


1 comentario:

  1. Traduzcamos: Sororidad,forma de solidaridad que se construye excluyendo a los hombres y, digáis lo que digáis, contra los hombres. Mis respetos hacia las mujeres que luchan contra toda forma de injusticia. Mi desprecio contra las que luchan por garantizarse privilegios, que son las injusticias que otros vamos a tener que sufrir.

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