27.9.16

#124

Ánimo, que se puede. 

Las redes sociales pueden ser una herramienta maravillosa y muy potente de información, de búsqueda de recursos para un mayor aprendizaje profesional y personal y de comunicación. Pero también puede ser un arma arrojadiza cuando la persona que se ampara tras un perfil anónimo considera tener la total potestad para acosar a alguien que ha decidido opinar en un determinado momento, donde creía, un espacio seguro. Ah, los trolls. Esos seres virtuales escondidos bajo los puentes de unos y ceros. Algunos simplemente lo hacen por aburrimiento. Otros lo hacen porque pueden, porque hay una base que les ampara y porque se creen con la legitimidad suficiente para sembrar odio donde se quiere crear espacio de debate y denuncia. 

Mi trato con ellos había sido breve, ignorando por completo toda argumentación falaz e irrespetuosa. Hasta ahora. Un tuit ácido y sarcástico que le decía a la sociedad que la víctima no es responsable de ese abuso y que un no es un no. Independientemente del contexto, de la ropa, de la conducta, etc. Las motivaciones que llevan a una persona a cometer una violación son mucho más amplias que eso, y hay un sistema que lo excusa culpabilizando a la víctima. 
De eso trataba el tuit. Simple y directo. 

- el tuit -
El comentario se viralizó y mucho. Primero por tuiter y después por facebook (quizás por este último mucho más). Podría resumir muchísimos comentarios en uno: "no generalices, no nos metas al hombres en el mismo saco". El "NOT ALL MEN" de siempre. Roza lo absurdo teniendo en cuenta que el tuit es tan generalista, que podría dirigirse a cualquier género. Hay quien supuso que con las palabras "Ánimo que se puede" estaba dando a entender que indirectamente acusaba al género masculino. A estas personas deciros una cosa: las estadísticas existen. En la calle pasamos miedo. 9000 violaciones desde 2007 es una situación condenable por toda la sociedad. Dejad de identificaros con la acusación cuando os estamos pidiendo empatía y compañerismo. Ánimo, que se puede.
Por otro lado (y aquí es donde quería llegar), hubo muchos ataques e insultos que día a día compañeras en primera línea viral tienen que enfrentar: feminazi, fea, bollera, alcachofa (?), malfollada, retrasada, imbécil, puta. Lo de malfollada y puta se repitió mucho a decir verdad.  Día tras día, muchas personas aguantan este tipo de actos por redes sociales, ya sea en sus perfiles de difusión o personales. Compañeras amenazadas de muerte incluso porque hay personas que, impregnadas de odio, carece de herramientas de diálogo y respeto como para hacer una crítica constructiva. A estas personas sólo deciros una cosa: construid argumentos no reaccionarios, que atacarnos por nuestro físico o vida sexual está muy visto y demuestra que no tenéis capacidad para lidiar con esto. Ánimo, que se puede. 

Todo el mundo puede llegar a ese punto de proceso en el que los pedacitos de estructura heteropatriarcal comienza a desmoronarse. En menor o mayor medida. 
Y para finalizar, un último punto positivo de esta experiencia. Hay quien abrió espacio de debate. Hay quien vino y agradeció este acto. Hay quien salió en mi defensa. Y hay personas que se han dado a conocer por esto. A todas estas personas, mil gracias. 

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