22.12.14

#119

Sigue hacia adelante -le susurraban- no pares ahora. Unos metros más y esta tortura habrá finalizado. Camina, hasta el final. 

La brisa siempre tenue, suave. Como si la propia seda envolviese la cara, obligando a que los párpados bajen tan lentamente, que hasta puedan pesar. Pero de forma agradable. 
Y es en ese instante, cuando la seda adquiere tonos rojos y azabaches, y el ojo del huracán se sitúa en el epicentro de un cuerpo absoluto. 

Camina, no pares. Sigue caminando hasta el final. 

Suenan trompetas, y un mar furioso intenta romper las rocas de los acantilados, como si una lucha a vida o muerte se tratase. Como si quisiera penetrar en la tierra y arrollarlo todo a su paso. 

No te detengas, continua. Comenzaron a gritar: SALTA. ¡SALTA! ¡SALTA!

El silencio que precede a un golpe, señal de que todos los relojes se pararon para concentrarse en ese momento. El ojo de la tormenta, focalizado en un mismo punto donde la velocidad y lo estático se besan. 

El mar recibió un golpe y se calmó. El ojo de la tormenta se disolvió, y la brisa, siempre tenue y suave volvió a aparecer para envolverse con el silencio que dejó una caída y unas voces que callaron para siempre. 

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