31.5.13

#89




Solía acostumbrarse a humillaciones constantes, vejatorias, y que achicaban poco a poco, su dignidad de mujer. No podía sin más, contemplar desde sus marrones ojos, la oscura sensación de dependencia. Cada poro, cada cabello encubierto por tela áspera y pesada. Y que cada día, pesaba tres kilos de puro inconformismo. Pero no podía más, y su sumisión estaba llegando a su límite. 

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