31.10.11

#44

Ayer decidí mediante palabras ajenas, que no quiero que exista el amor. Al menos el enamoramiento mismo. Sí ese. Ese que hace que tu estómago de saltos, que tu capacidad de atención esté bajo mínimos y el sueño diga "hasta otra, amiga". Es una dulce sensación que no me gusta para nada. Hace bastante tiempo que conozco esa sensación pero soy joven para experimentarla. Juventud, divino tesoro. Quiero equivocarme, quiero explorar, y hacer el amor sin el amor mismo. Quiero dar tropiezos y caerme una y otra vez sobre la misma piedra. Esa piedra. Pero a la vez no quiero, ni quiero creer en el tropiezo. Habitar en el reino de lo absurdo y reír de lo inimaginable. Protestar y luchar por lo que no es justo, y llorar de rabia, pero no impotencia. Vivir. Fumar y sin aliñar, aún sola me siente bien.

1 comentario:

  1. No queremos sentir esa sensación de enamorarnos, pero a la vez queremos. Es una contradicción en sí misma.

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