4.7.11

#31

No sé, cada vez que levantaba la cabeza de la almohada, ahí estabas tú, mirándome. Era una forma enigmática y bella de clavar tus ojos en mi rostro. Pero la rebeldía de mi melena se ponía de manifiesto y siempre se me iba el pelo a la cara. Me enfurecía con mi cabellera de león. Y tú, con un sutil gesto y una leve sonrisa, lo apartabas para seguir con tu trabajo. Empiezo a extrañarlo, hasta mi melena que te odiaba profundamente, ahora mismo anhela tu presencia.

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